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Pesadilla en el transporte público

Estoy cansada del caos al que diariamente nos tenemos que someter.

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Desde que estoy en la universidad y me tocó entrar en el mundo del transporte masivo, he podido conocer de primera mano lo que es vivir un verdadero infierno a nivel de movilidad, que en las grandes metrópolis es un tema complicado, en cuanto a la falta de cultura por parte la ciudadanía que usa este servicio.

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Pero hay varias cosas muy puntuales que son las que generan tanto inconformismo en mí.

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 1.El costo

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¿Acaso los gobiernos se han puesto a pensar en todo lo que tenemos que pasar los estudiantes para sobrevivir una semana de clases? Al parecer no.  Nos toca pagar por un mal servicio, aprobando una gestión desastrosa de las empresas encargadas del sistema. También, tenemos que entrar en un bus donde parecemos piezas de tetris y estamos expuestos a todo tipo de roce con otras personas; acontecimiento que resulta ser muy desagradable para un viaje de regreso a casa de casi 40 minutos que en las horas de alto tráfico. iteralmente, se hace eterno.

 

2. ¡Haz la fila!

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Que estemos durante un largo tiempo esperando en la parada del bus, o en una estación, es algo común en la rutina de un estudiante. A las personas de finales de los 80 y 90 nos adicionaron, al momento de nacer, un poquito más de paciencia.

Pero cuando llegan otras personas, que quizá no fueron capaces de madrugar como nosotros, y al llegar el transporte que vayamos a utilizar, nos pasan por encima y rompen el hermoso equilibrio que debe existir al momento de hacer la fila y respetar el turno de cada quien, se despierta ese instinto asesino que todos llevamos dentro.

 

3. El manoseo

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¡Santo Dios, dame paciencia! A todos en algún momento nos ha tocado vivirlo y lo sé, los entiendo, no hay nada peor que alguien se te acerque por detrás con el pretexto de poder acomodarse entre tanta gente haciendo movimientos totalmente salidos del contexto. No entiendo a estas personas. Es cierto que en algunos casos es inevitable no acercarse a alguien sin rozarlo, pero hay quienes lo hacen con toda la intención, para molestarnos y luego hacerse los inocentes cuando reaccionamos.

 

4. Respeta mi derecho a sentarme

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En este punto saco de la discusión a las sillas preferenciales. A mí esto me pasa frecuentemente y en muchas ocasiones solo actúo para evitarme problemas. Hay señoras y señores que creen que por tener una que otra cana ya hay que tener devoción a su edad; para mí no debe ser así. También somos seres humanos y nos cansamos. Como estudiantes llevamos un ritmo de vida un poco más agitado de lo normal. Trasnochos, estrés por trabajos, parciales, el profesor que nos la tiene montada, la gripe, las carteleras, las maquetas (aunque estamos con todo el auge de la tecnología hay profesores que aún piden este tipo de presentaciones de trabajos). El punto es que uno logra sentarse y se sube uno de ellos y díganme si no, pero por la forma en que nos miran nos dicen hasta de qué nos vamos a morir, por lo cual uno termina cediéndoles el asiento, aunque hay personas que se ponen sus audifonos y no existe nada más. Pero creo que no es una obligación ceder siempre el puesto. Nosotros también pagamos por usar el servicio. Tenemos derecho a una silla. Cederla o no, es más un asunto de cortesía.

 

5. Los que se suben sin pagar

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Que el pasaje es caro, sí. Que lo que nos cobran no tiene comparación con las necesidades que tiene la malla vial, también. Lo que no puedo tolerar es que, mientras que yo sacrifico lo de una empanada con gaseosa para poder  transportarme, hay personas que se meten al sistema sin pagar y actúan como si no pasara nada. No debería ser así. Creo que el pago del pasaje hace parte de una cultura que debe realmente estar visible. Es molesto ver esto, que para mí es un acto de vandalismo. Hay otro tipo de maneras de protestar. Existimos miles de usuarios que pagamos. Ellos también deberían hacerlo.

 

Todo este tipo de acontecimientos, acaban con la paciencia, no solo mía, sino de muchas personas de las ciudades latinoamericanas, pues estamos acostumbrados a pensar solo en el bien propio. Actos de violencia, accidentes graves al momento de ingresar a los sistemas y hasta la misma muerte, son pan de cada día.

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Aportemos nuestro granito de arena. Seamos ejemplo para esos que no pueden entender que hay que comportarse de determinada manera. Debemos vestirnos con paciencia y tolerancia antes de enfrentarnos al sistema de transporte público. De verdad, usemos la cabeza, respetémonos y de esta manera todo será mejor. Es momento de que el “SI TANTO LE MOLESTA, COJA TAXI.” se acabe.

 

Tengamos en cuenta que es un transporte de masas pero está en nuestras manos hacer que todo funcione mejor.

 

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