Los hombres también bailan

En defensa de los hombres, porque todos podemos bailar

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¿Qué significa bailar? Más que sentir el ritmo, bailar empieza por tener consciencia de tu cuerpo, por conocer sus límites y sus alcances, y empezar a respetarlo. Pero bailar también es una forma de expresión que te permite conectar con las demás personas. No sólo es un arte, también es una forma de conocerse a sí mismo.  

Me gusta bailar. Me encanta sentir que tengo consciencia de los movimientos de mi cuerpo, que sé sus límites y sus alcances, que me conecto con los demás sin necesidad de mediar palabra. Soy de los que se encienden cuando suena la música y de los que se frustra cuando no hay con quien bailar. En un mundo donde dominan los ritmos urbanos y electrónicos, soy de esos que todavía se emocionan cuando escucha la trompeta y el tambor a ritmo de salsa.

Ser hombre y amar bailar es algo extraño, por no decir diferente. Generalmente la danza es una disciplina asociada a las mujeres y por este mismo prejuicio son pocos los hombres que se interesan. Y es que la gente suele tener una serie de ideas raras sobre las personas que se dedican a la danza. Sin embargo, cuando uno es hombre y baila, los prejuicios son de otro tenor. A pesar de que cada tipo de baile tiene una forma diferente de definir el rol masculino, en los bailes sociales es donde más se siente la diferencia.

Si eres hombre y bailas, eres homosexual. El mayor prejuicio de todos y el que está más fuera de lugar. En nuestro contexto machista ésta consideración es usual. Generalmente son los mismos hombres los que piensan eso. Las disciplinas no deberían estar delimitadas por cuestiones de raza, género u orientación sexual.

Si eres hombre y bailas, pero no eres gay entonces eres un conquistador empedernido. Aunque es innegable que un hombre despierta más interés cuando baila (lo digo humildemente por experiencia) eso no quiere decir que siempre sea así. Las mujeres pueden interesarse como también pueden huir por efectos del mismo prejuicio o porque piensan que no tienen oportunidad. ¡Les da miedo bailar con uno! Con las bailarinas sucede lo mismo. Uno piensa que lo van a dejar en ridículo. Error. Para aprender a bailar sólo hay una forma: bailando. Detrás de todo baile hay una enorme cantidad de tiempo invertida en practicar y practicar. A mí también me costó mucho aprender y siempre estoy dispuesto a enseñar lo poco que sé.

Si eres hombre y bailas, eres el que saca a bailar. No es cierto. Estamos en otro siglo. Las mujeres también invitan una pieza. Me ha pasado y me parece magnífico.

En fin, una vez aprendes un baile y lo comprendes, tu cuerpo se vuelve adicto, ya no quieres dejar de hacerlo y quieres aprender cada vez más para alimentarte de movimientos. Por eso mismo la gente piensa que uno baila para exhibirse. El baile es para mostrar, por supuesto, pero el bailarín no lo hace para incomodar. Tampoco es una marioneta. Lo hace para sí mismo. Sencillamente le encanta porque bailar es una experiencia que te enseña sobre todo de ti mismo. Bailar es la mejor terapia para la ansiedad, la tristeza o el desamor.  Bailar es un espacio de encuentro en donde entregar una parte de ti significa recibir una parte de las demás.  Es comunicarse sin palabras. Por eso, y por todo lo demás, bailar es la mejor forma de enamorar.

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