La semana de un universitario en exámenes (mi historia)

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Cuando estaba en vacaciones, añoraba entrar a la universidad. ¡Quién sabrá por qué! Es raro entrar a la juventud y darse cuenta que la gente nunca está contenta con nada. Los flacos quieren ser gordos y los gordos, flacos. La rubia quiere tener el pelo negro y la que lo tiene negro, rubio. El que vive en clima cálido, quiere pasar a clima frío; y el del frío, quiere clima cálido… bueno, creo que ustedes entendieron el punto.

vacations netflix

Retomando, sigo sin entender por qué quería entrar de nuevo a la universidad. El primer día de clases me desperté animado, con ganas de estudiar, de leer muchos libros, de realmente ser un excelente estudiante. Me vestí como siempre, con unos converse, jean’s Levi’s, y una camisa con las mangas recogidas. Estaba ansioso. Cada semestre significa conocer personas. Sí, conocer personas que sufren exactamente lo mismo que tú. Pero el sufrimiento ese día no es importante: uno como hombre va pensando en mirar y detallar las estudiantes de primer semestre; hay que saber si son lindas o no, sólo eso.

Ese tema de conocer personas es muy importante en mi vida. Desde que tengo uso de razón, y tal vez por influencia familiar, he creído que relacionarse es bueno. Uno nunca sabe quién le pueda ayudar en el futuro. No se trata de ir conquistando a cualquier mujer que vea, sino de establecer una relación interpersonal, no tanto de amistad, sino de compañerismo. Creo que muchos hacen lo mismo.

Entré a la primer clase del semestre. Tengo la fortuna de estudiar en una universidad que tiene aire acondicionado en los salones, lo cual es perfecto para el calor que hace en mi ciudad. Pero al ser clase de 7AM, estaba temblando del frío. Eran las 6:45AM y fui el primero en llegar. Así que me dispuse a poner el cuaderno sobre la mesa, tomar mi celular y entrar a Facebook.

Eso es todo lo que recuerdo.

Fue como en un abrir y cerrar de ojos que de repente me encontraba en el mismo salón, pero con un lápiz en la mano y una hoja que tenía un enorme título: “EXAMEN PARCIAL I”. Como era de esperar, sentí ganas de vomitar (y de llorar). No recordaba nada de lo que habíamos visto en el semestre, ni siquiera quiénes eran mis compañeros de clase. En ese momento comprendí que estaba loco. ¿Cómo alguien que tenga uso de razón, y que esté en vacaciones, puede añorar regresar a la universidad?

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No me considero una persona relajada que posterga todo para último momento. Como les dije, en mi primer día de clase entré con ganas de ser un excelente estudiante. Giraba mi cabeza a todos lados para tratar de observar las respuestas de mis compañeros y poder copiar algo de sus respuestas… ¡A ver! ¡No vengan con bobadas! Todos los estudiantes hemos hecho fraude en exámenes; aún no tengo el placer de conocer al primero que no. No se sientan solos en ello, pero traten de no hacerlo porque les puede traer problemas.

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El profesor me vio en esas. Por fortuna me amonestó y siguió leyendo su periódico. Pero cada vez que un profesor hace eso, uno no puede negar que se le sube todo a la garganta. Me sentí mal, y al ver esa hoja que parecía escrita en japonés, decidí entregarle e irme. Ya sabía que mi nota iba a ser un gran cero, o un 1.0 si el profesor consideraba que el haber puesto mi nombre podría sumar puntos.

Me fui a casa triste. Entré a Facebook y pude ver lo que había hecho en las pocas semanas que llevaba estudiando. Estuve de rumba en rumba, compartiendo bobadas que publica la cuenta de Netflix, hablando con mis amigos cercanos de bobadas. Parecía ser casi sagrado perder el tiempo en esa red social.

Abrí uno de mis cuadernos de otra materia pero no encontré mucho. Unos cuantos apuntes de capítulos por leer de determinado libro, que por cierto ni había conseguido (el libro). Y hojeando, vi algo en tinta roja y escrito grande: “EXAMEN”. Por fortuna había escrito la fecha en la que iba a ser. Para tristeza y desesperación, era para el día siguiente. La asignatura que todos tildaban de fácil, lo es, siempre y cuando estudiaras para ello. Así como todas las materias.

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Como no quería que me sucediera lo mismo que en mi primer parcial, empecé a estudiar. Me hice unas cuantas tazas de café, tratando de que el sueño se fuera de mi cuerpo. Busqué el libro en Google. Cuando descargué el PDF noté que debía leer 345 páginas. Y eso que sólo eran los dos primeros capítulos. Eran las 8:36PM. El examen era al día siguiente a las 7AM.

 

Con ese desespero de sentir que no lo iba a lograr, abrí Facebook. Quería preguntarle a algún compañero de clase por los temas del parcial. Cuando aparece de la nada un vídeo de un gato que era la cagada (en Colombia, decir ‘la cagada’, en algunos casos, significa ‘muy gracioso’). Duró como dos minutos, pero me sugirió automáticamente otro vídeo, que en su momento me pareció interesante. Este nuevo duraba al rededor de 35 segundos. Cuando miré la hora eran las 11:45PM .

¿Cómo es posible? No entiendo. El sueño me invadía. Las tazas de café no sirvieron para nada. Pongo el computador en modo de reposo y me digo a mí mismo: “mañana madrugo para estudiar”. Activé la alarma para que sonara a las 3AM, así podía alistarme de 3:00 a 3:30 y de 3:30 a 4:00 desayunar. A las 4 empezar a leer, para terminar saliendo hacia la universidad a las 5:30AM.

¡Ja! ¡Madrugar a estudiar! Como si fuera posible despertarse a esa hora. ¿Todavía tienen la duda? ¿En serio lo tengo que escribir? No me desperté. Eran las 6AM cuando abrí los ojos. ¡LOS QUE CORREN!

Parecía que tuviera poderes sobrenaturales. En 15 minutos estuve listo. Vestido y desayunado. No pregunten si me bañé porque no lo sé. No lo recuerdo. Me tocó coger taxi. Llegué a las 6:59AM a la universidad.

Y otra vez volví a aparecer con una hoja encima de la mesa, que parecía escrita en japonés.

frustration

 

 

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