Here’s to the fools who dream: La La Land

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Cae la noche en la ciudad de las estrellas, y en medio del despertar de las luces y el pasar de los autos, una pareja admira silenciosamente el brillo de las montañas y, de repente, se enlazan en un baile acompañado de una canción en la que aseguran no sentir nada por el otro. Ese es el encanto de Los Ángeles, la idílica y musical ciudad a la que el visionario director Damien Chazelle le rinde homenaje con su nueva obra maestra cinematográfica.

Con tan solo 31 años, esta es la segunda ocasión en la que Chazelle se roba los reflectores de los grandes festivales de cine del mundo: en 2014, el turno fue para Whiplash: música y obsesión, película que no solo lo hizo merecedor de tres premios de la Academia y un Globo de Oro, sino que también le permitió reunir el presupuesto necesario para llevar a cabo un ambicioso proyecto que había escrito en el 2010 en compañía de su amigo de la universidad Justin Hurwitz y que ahora encanta a los espectadores del cine musical de todo el mundo, se trata de La La Land: ciudad de sueños, una cinta que, para alegría de muchos y sorpresa de otros, recuerda por qué el musical es un género cinematográfico que enamora y que varias décadas después de clásicos como Cantando bajo la lluvia, La novicia rebelde, Chicago o incluso Les Misèrables continúa llenando salas y llevándose el cariño de la crítica y de los más exigentes cinéfilos.

La apuesta es ganadora mírese por donde se mire: Emma Stone le da vida a Mia, una aspirante a actriz algo introvertida y temerosa de fracasar, que desea escribir un gran papel que la catapulte al estrellato. La cuota masculina de la cinta llega de la mano de Ryan Gosling, quien interpreta a Sebastian, un pianista amante del jazz y tal vez demasiado confiado y optimista para intentar triunfar en una ciudad en la que son muchos los llamados y pocos los elegidos. Ambos personajes llevan al espectador por un recorrido musical y emocional mientras juntos descubren los altibajos que la vida le depara a quienes deciden perseguir sus sueños, y conforme avanzan las dos horas que dura la película, el amor, el ritmo y los acordes darán espacio también al drama, la soledad y al brillo de una historia muy bien escrita y que posiblemente deje una huella permanente en el corazón de unos cuantos.

Es de destacar el buen equipo que conforman Stone y Gosling, para quienes esta es su tercera película trabajando juntos, y aunque uno esperaría toparse con actuaciones sistemáticas y predecibles de quienes ya han recorrido un buen trecho actoral interpretando a parejas, lo cierto es que en La La Land ambos logran llevar al máximo a sus personajes, saliendo del humor simple que nos ofrecieron en Crazy Stupid Love y de las densas secuencias de acción de Gangster Squad para sorprendernos con la viva imagen de una pareja comprometida, dulce, pero al mismo tiempo imperfecta, histérica y pasional.

Con una interesante competencia por delante, no pueden negarse los hechos: a la fecha, la cinta ha arrasado en festivales de la talla de Toronto, Nueva York y Venecia, logros que sumados a 8 Critics Choice Awards, 7 nominaciones a los Globos de Oro y 2 a los Screen Actors Guild Awards, terminan por confirmar una cosa: el musical volvió para quedarse, y cuanto antes alisten sus zapatos de tap, mejor.

 

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